Brasil: Dilma Nueva Presidente bajo la sombra de Lula

Si algo van a extrañar los brasileños después de este 3 de octubre, es la voz y la figura de su presidente Luis Inácio Lula da Silva, quien gobernó está nación del tamaño de un continente, por espacio de ocho años, y de manera exitosa, según muestran las estadísticas.
Su más segura sucesora, Dilma Rousseff del Partido de los Trabajadores -el mismo de Lula-, se enfrentaba el domingo pasado a Jose Serra, el candidato de la Social Democracia, y a Marina Silva, líder del Partido Verde, ambos en franca desventaja en el sondeo de opción electoral realizado ahí. Dilma llegó a las elecciones con un puntaje por encima del 50%, el cual fue resultado de su tarea progresista en el gabinete de Lula. Ella fue primero Ministra de Energía, y luego se desempeñó como Jefa de Gabinete. El respaldo mayoritario que anunció desde temprano a su candidatura, tuvo que ver con el destino que le dio a US$2,900 millones de dólares, los cuales invirtió íntegramente en la construcción de 1 millón de viviendas para la denominada “Clase C”, o clase media baja brasileña.
Según analistas y expertos, en estos ocho años del gobierno de Lula, Brasil puede mostrar al mundo unas espectaculares cifras en lo que tiene que ver con la lucha contra la pobreza. Se calcula que aproximadamente 30 millones de brasileños dieron el salto a la clase media, a mejores estándares de vida, en un mundo en el que, en muchas zonas, el proceso se ha dado a la inversa, como ocurre en Estados Unidos, donde una de cada siete familias, cayó en la pobreza, o miles de habitantes otro día matriculados en la clase media, por sus ingresos y estilo de vida, descendieron a cero, por cuenta de la pérdida de empleos y viviendas.
Becas y subsidios
Además de la vivienda, Lula dispuso programa de becas y subsidios para los más pobres, lo que activó toda una locomotora de progreso en su país.
Al tomar posesión en octubre de 2002, Lula, a quien siempre se le reclamó falta de educación formal -fue lustrabotas y obrero metalúrgico- dijo que recibía por primera vez, un diploma, el de Presidente de la República.
Lula aprovechó el Servicio Nacional de Aprendizaje de Brasil, y se hizo tornero, hasta llegar a liderar el sindicato de obreros metalúrgicos, a través del cual y de otras organizaciones obreras, logró paralizar el país, en su lucha contra la corrupción de varios mandatarios, particularmente frente a Fernando Collor de Mello.
Lula fue un protagonista de primera fila contra la dictadura, y tuvo agrios enfrentamientos con el mencionado Collor de Mello, quien acudió a la guerra sucia para descalificarlo, con ataques racistas cuando Lula se presentó a la presidencia.
El nombre de Lula, fue tomado de “Luis”, muy común en Brasil, y el que adoptó formalmente en 1982, después de conocer que la Constitución brasileña no acepta apodos en la contienda electoral, -“Lula” traducido también es “calamar” en portugués. Su primera esposa fue minera, y falleció de parto. Así que perdió también a su primer hijo.
La revista “Time”, así como “Newsweek” y otros magazines mundiales, lo han declarado personaje del año, y uno de los más influyentes del mundo. Lula ha sabido mantenerse neutral delante de hondas oposiciones políticas en el plano internacional, sobre todo las que generan los gobiernos de izquierda. Su amistad con Chávez y con todos los mandatarios que conforman el Alba, así como su abierta simpatía por Fidel Castro, además de la amistad con el presidente de Irán, no han constituido óbice para que en Occidente se le considere un socialista moderado, al que también se le ha hecho homenaje con el Premio “Príncipe de Asturias”.

Lo que se viene
En América Latina y el mundo Brasil no representa ya un gran interrogante delante del futuro, por los pasos agigantados que dio en estos últimos ocho años, más la pregunta ahora es, si Dilma Roussef, la sucesora, sabrá conservar lo mejor del humor político y la forma de actuar de Lula, o si por el contrario, personalizará su gobierno al extremo de ponerlo en la mirilla de los poderes de Occidente.
Esta “personalización” tiene que ver con la fama de “dura” que tiene Dilma, en el campo político. Hija de un comunista búlgaro, perteneció a Colina y a Vanguardia Revolucionaria, dos de las guerrillas brasileñas más nombradas. Tiene fama de ser disciplinada al exceso, y la sombra que recae sobre su gobierno, apunta a qué tanto estrechará lazos con Cuba y Venezuela, naciones con las que Lula ha tenido buenas relaciones, pero de las que ha sabido apartarse discretamente cuando estas han salido a incendiar los patios vecinos. Su habilidad política hizo que sus declaraciones no lo hayan obligado a una posición de solidaridad con los países mencionados.
También Nicaragua, Argentina y Bolivia ven están esperanzados con Roussef, pues ven en ella la continuidad de lo que sembró Lula. Con respecto a esas expectativas, deberán esperarse los resultados de su primer año de gobierno.
Por ahora, Brasil es una nación que mira confiada al futuro, con el compromiso de dos gestas deportivas de atención mundial (El Mundial de Fútbol del 2014 y las Olimpiadas del 2016), y la obligación histórica de erradicar el hambre y la pobreza, disminución de las favelas, la inseguridad y el narcotráfico en las ciudades, con una estrategia de trabajo, vivienda y educación para los más pobres.
Lo que aparece claro hoy, es que el Partido de los Trabajadores, al que representa Lula, metió otro gol. Va victorioso desde el 2002.
*Escritor colombiano
Medardo Arias Satizabal
medardoarias@yahoo.com

Avatar
Acerca del Autor