Bessy Reyna: La Reina de las Letras en Connecticut

-Bessy, ¿Nos puedes contar de tu niñez?
-Nací en Cuba, en un pueblo muy pequeño que se llama San Luis. Mi casa se quemó cuando tenía cinco años. Debido a ese fuego, que todavía me impacta, mi familia se mudó a La Habana. En el año 1953, mi papá decidió que la situación en Cuba era muy peligrosa, entonces empezó buscar trabajar en otro país, y terminó en Panamá. Era muy bonito crecer en Panamá en aquel tiempo porque es un país muy pequeño, muy libre, donde se podía caminar por la noche sin ninguna preocupación. Ahí es donde me metí en el arte.

Jorge Alatrista, Bessy Reyna y Adelia Santa Cruz



-¿Qué otros recuerdos tienes de Panamá?
-La mayor identidad que tengo lo relaciono con Panamá, porque pasé mis años formativos ahí, desde chiquita a estudiante universitaria. En la Universidad empecé con el periodismo, y después cambié a Psicología. Cuando estudiaba periodismo me di cuenta que el arte era algo muy importante para mí. Una amiga tenía una página en el periódico los domingos y lo iba dejar, entonces le pedí que lo dejara para mí. Además, tenía un amigo en una estación de radio, así tuve un programa en las mañanas. Ahí entrevisté a artistas, y me gustaba cuando había controversias, cuando había dos escritores y discutían. En el 1978, fuí la directora asistente de una obra de teatro, en el Centro Norteamericano-Panameño, y vi un cartel que decía “¿Quieres venir a EEUU?”. Pensé “Voy a tratar, no tengo nada de perder”. Pedí el formulario, me entrevistaron, les di todos mis créditos de la Universidad, sin decir nada a mis padres. De las 85 que aplicaron, fui unas de las 5 que les dieron becas. La Universidad que me aceptó fue Mt. Holyoke College en Massachuetts, solo para mujeres y con un currículum muy riguroso.
-¿Cómo fue esa experiencia de llegar a los Estados Unidos?
-Viene a EEUU como una chica universitaria que no sabía nada, llegué al Aeropuerto Kennedy de Nueva York, y como en las películas pedí un taxi, pregunté si me podía llevar a Massachusetts. Me dijo si tenía $200, y le dije no, solo tengo $40. Pero, él respondió “déjame ayudarte”, e hizo todos los arreglos para que pudiera llegar a Massachusetts, y no me cobró nada. Me dijo algo que nunca me voy a olvidar, “si yo tuviera una hija en tu situación, quisiera que alguien le ayudará así”. Ese hombre de origen italiano, fue como un ángel. Mientras estudié en la Universidad me quedé con una familia polaca que sería mi familia adoptiva. Nunca me dejaron sola en las vacaciones, en Thanksgiving, en lo que sea. No tuve problemas ni con el idioma, ni con la discriminación, y fui a la única que le ofrecieron beca por un segundo año. Entonces, puede sacar un título de ese colegio y continuar en la escuela de graduados de UConn.
-¿Cuándo nace ese espíritu de escribir?
-Siempre lo hice. No me gustaba mi escuela católica en Panamá, entonces siempre estaba aburrida y me ponía escribir poemas. Tenía cuadernos llenos de poemas.
-¿Qué te inspiraba para escribir?
-Cualquier cosa. Algunos eran sobre mi papá, o mamá, el paisaje, el atardecer. Para mí, escribir en la escuela era una manera de irme de lo que me estaban enseñando.
-¿Cómo fue tu experiencia ya en Connecticut?
-Apliqué a varios lugares para hacer estudios graduados porque quería seguir estudiando. La Universidad de Connecticut me ofreció la posición de “Teaching Asistant” para asistir al profesor en el desarrollo infantil, que era en lo que quería hacer mi Maestría. En UConn el profesor regular decidió irse, entonces me ofrecieron para ser la profesora por un Semestre, porque yo ya tenía mi título. Mientras, en Panamá, subió una dictadura en 1978, y las cosas cambiaron. El Panamá que yo dejé ya no era lo mismo. Tuve amigos míos que lo llevaron a la prisión, los torturaron. Entonces, decidí quedarme aquí.
-¿Continuaste estudiando?
-Saqué mi Doctorado en Psicología Social pero siempre me interesaron los movimientos sociales, el feminista, la liberación homosexual. Hice mi tesis sobre esos dos movimientos. Conocí un abogado, quien consiguió mis papeles y mi tarjeta verde, me ofreció trabajo, como asistente. El me insistió que fuera a la escuela de leyes. Yo nunca pensaba en ser abogado y también me gradué en Leyes en UConn.
-Siempre has luchado por los inmigrantes, por los derechos de la mujer. ¿Nunca has tenido problemas con tu sexualidad?
-Nunca he escondido el hecho de que soy homosexual. Creo que es muy importante si tú me reconoces como profesional, como persona, mi sexualidad no tiene que ver nada en cómo me ves como persona. Estoy con mi compañera por más de 40 años. Gracias por el grupo, “Love Makes a Family”, las parejas homosexuales pudimos tener matrimonios antes que se hiciera legal a nivel nacional.
-¿Cómo fue ese primer encuentro con tu compañera Susan?
-Susan también estudió en UConn y me acuerdo que yo trabajaba en el Centro de la Mujer, ella lo hacía en el Departamento de Arte. Fue amor a primera vista, es la mujer de mi vida, es un balance para mí. Las dos mejores cosas que me pasaron en la vida fueron, la beca para venir acá, y la otra es Susan.
-¿Fuiste columnista del Hartford Courant por varios años, tenías total libertad para escribir?
-Buena pregunta. En esos años, la comunidad latina estaba pidiendo al “Courant” que contrate a Latinos que escriban. Conocía a una editora, Carolyn Lumsden y le pregunté si podía escribir. Me dijo que mandaron tres columnas para ser evaluadas. De los tres latinos que escribieron, fui la única que quedé. Desde el comienzo le dije que iba escribir sin límites. Mientras que Carolyn nunca me ponía trabas, ciertos miembros de la comunidad no gustaban lo que estaba escribiendo. Por ejemplo, cuando tenía columnas que tenían que ver con los Palestinos, porque los veo como un grupo oprimido; hasta llamaron al periódico y pidieron que me botaran. Escribía sobre diversos temas, los latinos, las obras y fui la primera columnista en escribir sobre poesía.
-¿Qué piensas sobre el teatro aquí en Connecticut, es verdad que los latinos no van a ver las obras?
-No es que no quieran ir, es por lo económico. También pienso que los grupos teatrales debieran ayudar más a los medios hispanos. IDENTIDAD LATINA es el único periódico que continuamente ha tenido una página de arte y tiene una persona como yo que solo se dedica a escribir sobre arte. He hablado con grupos teatrales para ver cómo pueden atraer a más público latino.
Adelia Santa Cruz
Adelia Santa Cruz
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Identidad Latina

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