Beneficios y frustraciones en la salud de los Hispanos

Los hispanos en los Estados Unidos tenemos tres desventajas que constituyen formidables barreras a la mejora de nuestra calidad de vida y equidad fiscal. Tomadas individualmente no parecen tener relevancia especial, pero en combinación se convierten en un lastre agobiante. Ellos son, la falta de seguro de salud, la mala y deficiente nutrición, y la consecuente trampa económica que representa tener una menor expectativa de vida.

La falta de seguro médico a un costo accesible es un problema notablemente concentrado en los hispanos. La mitad de las personas sin seguro son hispanos, y más del 30% de los hispanos no tienen seguro de salud. En algunas comunidades, como por ejemplo en el sur de Texas, más de la mitad de la población, y son casi todos hispanos, no tienen seguro.

Sin entrar en detalles, los hispanos tenemos en promedio índices de pobreza que exceden a los demás grupos de nuestra sociedad, y tendemos a estar empleados pero en trabajos que pagan salario mínimo y sin beneficios. Es decir, trabajamos duramente y terminamos ganando demasiado dinero para recibir programas sociales del estado, pero restringidos a un nivel cercano a la pobreza.

La única manera de afrontar el gasto de comida para muchas familias es comer comida rápida todos los días. Comida barata, muy insalubre porque tiene más grasa y altas calorías sin valor nutritivo. La consecuencia es una epidemia de obesidad y de ciertas enfermedades relacionadas como la diabetes y problemas cardíacos. El resultado final es que los hispanos vivimos en promedio diez años menos que los anglosajones. Esta menor expectativa de vida, hace que la ecuación económica que relaciona nuestros años de trabajo y de jubilación está totalmente desequilibrada. Y ahí tenemos el tercer problema.

Los sistemas de pensión del Seguro Social y de salud por medio de Medicare están calculados en base al promedio de longevidad de todos los contribuyentes al sistema. Todos trabajamos durante nuestra etapa adulta contribuyendo con impuestos para el Seguro Social y Medicare, y comenzamos a recibir beneficios de salud y pagos de pensión cuando nos retiramos, digamos a los 65 o 66 años.

Si uno vive solamente un par de años después de jubilarse la sensación que se tiene es de haber sido estafado. Después de todo, si contribuimos el 5% de nuestros salarios al fondo de Medicare y el 15% (combinando mitad y mitad aportes del trabajador y el empleador) al Seguro Social; es una injusticia que recibamos una fracción de los beneficios que disfrutan los anglosajones que viven diez años más que nosotros. La discusión se complica por el argumento de algunos que dicen que el Social Security y Medicare son sistemas de “pay-as-you-go” y no de transferencia intertemporal de recursos, pero la realidad es que los pagos se hacen hacia y desde un fondo acumulado a lo largo de muchos años y todos tenemos una expectativa de recibir beneficios en el futuro en forma equitativa.

Por supuesto que, si bien esta es una situación muy injusta, no es una conspiración en contra de los hispanos; pero la realidad es como es. Si bien el gobierno tiene control sobre nuestra longevidad por medio de cambios en la política de salud y de subsidios a la agricultura corporativa no debemos esperar actos de nobleza estatal que perturban ideologías sagradas del capitalismo. La mejor solución que tenemos a nuestra disposición es superar el fantasma de la pobreza, y la mejor arma para eso es la educación. Influya en sus hijos para que se mantengan el la escuela y terminen los estudios, que se preparen para una profesión o una carrera técnica que les permita una vida mejor.

Podemos hacer otras cosas además, ahora que entendemos la naturaleza del problema. Las dos ideas más importantes son: primero, presionar a nuestros gobernantes para que resuelvan esta vergonzosa tragedia de tener 47 millones de Americanos sin seguro médico. Segundo y más importante, debemos aceptar la responsabilidad personal que tenemos de mejorar nuestra salud y bienestar. No es mucho pedir que dediquemos un poco más de esfuerzo a cambiar nuestras costumbres; por empezar, culinarias, introduciendo más frutas y vegetales en nuestras dietas y siguiendo por hacer más ejercicio físico, aunque sea caminar un par de cuadras todos los días. Vamos a vivir más, y eso es bueno, porque recuerde que hay mucho dinero en juego.

Enrique E. Juncadella (enriquejuncadella@yahoo.com)

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