Barack Obama: La esperanza del mundo moderno

La esclavitud en los Estados Unidos significó siempre un capítulo ardiente y inédito en su historia y como en ningún país se describieron los más fascinantes relatos sobre negros, esclavos y libertades; seguramente el negro encontró en el país del norte su destino y el territorio donde se desangraría, se sublevaría y moriría, pero también el lugar donde se reinventaría, crecería y tomaría la Libertad como el más grande don jamás soñado. El negro halló en Estados Unidos su hábitat perfecto, la adversidad en las llanuras y campos americanos, los fierros y cadenas en su cuerpo lo forjaron, los látigos y angustias lo posesionaron e insertaron en la historia del nuevo mundo, lejos de su Africa original, en donde no era más que un eslabón perdido.

Decíamos que los Estados Unidos fue perfecto y providencial para los negros, pues a costa del rigor, de su denigración y humillación fue construyendo su raza, fue conquistando de a poco su espacio, se hizo invencible y perdurable; la clásica historia de quien cede y pierde para finalmente triunfar, y como la historia va siempre de un extremo a otro, podríamos decir que el negro pasó de Esclavo a Presidente, podríamos decir también que, quien fue el último esclavo y servidor de los campos algodoneros del sur americano es hoy el primer mandatario de una nación, Barack Obama reinvindicó en un solo día a la raza más marcada de este planeta.

En los libros escritos, sea La cabaña del Tío Tom o Raíces, surge el hombre de piel oscura, marrón y brillante en toda su magnitud, con el físico robusto y estilizado para cargar todo el peso del trabajo rudo e interminable, viene a la vida para soportar estóicamente las inclemencias del tiempo y las incongruencias del blanco, se resigna a todo, baila como ninguno, canta e inventa el blues, se mete en la cultura americana, o más bien la construye; el negro facilita un poco la secuencia y proceso histórico del mundo, gana campeonatos, es el más veloz, el mejor bailarín, el mejor deportista y el que tiene el mejor ritmo.

Es posible que la política norteamericana esté ya trazada para los próximos 10 o 15 años y que los objetivos y metas se mantengan inalterables, seguramente los compromisos ya adquiridos y el equilibrio de poderes sujeten las pasiones y expectativas, pero la elección de Obama nos alegró a todos, me animo a decir, en todos los rincones del planeta. Como nunca hubo consenso en la mayoría y ojalá dure el más blanco de los negros; porque el temor está siempre presente, los fantasmas de John F. Kennedy, Robert Kennedy y Martin Luther King, rondan por aquellas ciudades americanas, y los defensores de los derechos humanos y más concretamente quienes se enfrentaron al sistema, andan siempre sobre hielo quebradizo como la canción de Roger Waters.

Estados Unidos será siempre el país de lo posible, el de las grandes oportunidades, el gigante del mundo, el país de la libertad; nos sorprendió nuevamente con esta elección, mantuvo la atención del mundo entero y aunque el poder y la política sacudan siempre el universo, algo cambió en los dos hemisferios, se conmovieron sin duda todos los paralelos y longitudes, quizá sea el nuevo derrotero y destino del planeta, que discretamente aparece en este nuevo siglo y que amenaza con nuevas inquietudes y ciclos históricos. Agotados ya los sistemas socialistas y capitalistas, puede que sea oportunidad de otro orden de cosas y aunque el color de la piel sea solo una anécdota, calma un poco nuestras ansiedades, que el hombre humillado históricamente sea redimido y maneje virtualmente nuestros destinos, es señal del comienzo de una nueva era.

Daniel Torreblanca

Daniel Torreblanca

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