Balam Soto, espíritu del jaguar

El Maestro en su casa

En la puerta de su casa-estudio en Hartford, se lee “Balam Soto, espíritu del jaguar”, y al cruzarla se entiende de dónde viene la inspiración de este pintor de origen Maya que ha dejado ya su huella en la ciudad, a través de murales en la biblioteca pública, colegios y otras instituciones.

Rodeado por el afecto de su esposa Shelli y de sus dos niñas, Jade, de nueve años y Quetzalí, de tres, Balam Soto avanza en una tarea pictórica que acaba de ser reconocida por el Congreso de Guatemala el pasado 26 de abril, cuando le concedió en Hartford el tìtulo de Maestro. “Para mi fue una sorpresa”, dice el artista, pues no estaba al tanto de la huella que está dejando en el arte de su país, y del reconocimiento de las nuevas generaciones.

De 38 años, llegó hace once a los Estados Unidos. No puede encasillar su arte dentro de los cánones tradicionales de la escuela europea, y realiza composiciones conceptuales en las que se aprecia lo tridimensional, la unión de arte pictórico y escultura, la búsqueda de los mitos mayas, la fusión de la tierra y el cielo, los dos grandes poderes de esta cultura.

Su casa es una exposición permanente de arte. Sus niñas reciben al tiempo educación artística. En breve, vendrán hasta Hartford estudiantes de Africa, dentro de un convenio de intercambio cultural, para trabajar junto a Balam, quien también programa una visita a ese continente.


En el origen de la creatividad

Balam nació en Mixco, Guatemala, y pertenece a la étnia Pocoman, una de las naciones descendientes del gran árbol Maya, que tiene su propia lengua. Viene de una tierra donde se siembra maíz, frijol, verduras, de la tierra del poeta Luis Cardoza y Aragón, donde, según el escritor mexicano Octavio paz, el aire es más transparente. A Mixco la rodean comunidades de las culturas Atitlan, Kachikel, Chinaltenango. Desde niño, aprendió que la tierra es sagrada, y reconoció el espíritu de las cosas. Los Mayas, a diferencia de la cultura occidental que ve las piedras y las cosas de la naturaleza como presencias inanimadas, saben que en ellas habita un viejo espíritu, el de la “primera abuela”, el del mito de los mellizos, tan parecido al de los fundadores de Roma, Rómulo y Remo. Es por ello, que a la par de la pintura, le ha interesado muchísimo la filosofía griega, los presocráticos, por las equivalencias que encuentra entre ese mundo antiguo, y la visión de los mayas, quienes definieron con precisión la alineación de los planetas.

“Balam”, en lengua Maya se traduce como “Jaguar”, y es una expresión que encontramos en uno de los libros mayores de la cultura mesoamericana, el Chilam Balam, que, junto al Popol Vuth, son los documentos vivos de este mundo maravilloso.

En su arte encontramos manos abiertas al cielo, mujeres que parecen implorar debajo del sol, serpientes emplumadas. “Inicialmente, me gustaba pintar las tormentas, dice. Esa fue mi primera etapa, porque me gusta mucho la lluvia. Veía como cambiaba el color de las nubes, y las pintaba. Al llegar aquí, conocí la obra de pintores como Dalí y Matisse, quienes me inspiraron. Sin embargo, me di cuenta que debía hacer mi propio camino, pintar lo que realmente estaba en mí y consideraba original”.

Balam Soto admira al escultor Andy Goldworhty, por la manera de transformar la naturaleza y sus elementos, para darle forma y cuerpo en la escultura.

El nombre de su hija, Quetzalí, viene también del Quetzal, un pájaro sagrado de su nación. “La mitología maya es la explicación coherente de cómo se formaron los elementos sólidos del universo y cómo desde ahí se originó la vida. La filosofía maya trata de la relación del ser humano con el ambiente natural y el mundo espiritual, lo sólido y lo no sólido”, dice.

Con respecto a las pestes, hambrunas y desastres naturales que golpean hoy al planeta, Balam tiene su propia teoría: “Hemos abusado del ecosistema y esto ha traído desequilibrio. Creo que la mayor ley natural es la ley del equilibrio. Si este se rompe, la tierra protesta. Todo lo que la naturaleza produce, muere. Nada es eterno. Parte de nuestra relación principal con la naturaleza y con los demás, es el respeto”.


*Escritor colombiano

Medardo Arias Satizabal
medardoarias@yahoo.com

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