Atentos a los cambios de la emigración y la jubilación

Se entiende por emigración al proceso en el cual una persona, o un grupo de personas, abandonan su lugar de origen, en busca de otros, léase países, muchos más promisorios y hospitalarios en donde puedan reiniciar su vida y de esa forma asegurar un mejor futuro para sus hijos. El movimiento migratorio de gran parte de la población latinoamericana en recientes años, es un claro ejemplo de ello. Europa y los Estados Unidos, mayormente este último, han sido la meta de este movimiento migratorio.
En los actuales momentos la reforma migratoria es uno de los principales temas en discusión dentro de los círculos políticos y no políticos de los EEUU, concentrándose esta en los inmigrantes que desean permanecer en el país. Sin embargo, de acuerdo a recientes estudios realizados el flujo de la migración hacia los Estados Unidos está cambiando desde los últimos diez años. Primero debido a las cada vez más drásticas formas de vigilar la frontera y, algo que poco se comenta, al cambio económico que se está produciendo tanto en los EEUU y México, tradicionalmente la mayor fuente de origen de los migrantes que llegan del sur.
El total de la migración de México hacia el coloso del norte ha caído en más del 80% en la última década y, en los últimos cuatro años, pocos mexicanos se han aventurado a venir a los Estados Unidos en comparación a cualquier año desde 1991. Este decline se debe más que nada a la gran crisis económica que ha afectado a EEUU, la cual eliminó trabajos que, como la construcción, eran ocupados por migrantes del sur. Ahora, para tener una idea más exacta, es necesario puntualizar que en los últimos años la economía mexicana ha crecido más rápido que la estadounidense. En efecto, la clase media está creciendo velozmente en México, los salarios están mejorando desde mediados de los años noventa y la tasa de nacimientos está decreciendo. Todo lo cual sugiere que la presión por emigrar está perdiendo fuerza. Por otro lado, estadísticas recientes muestran que en los últimos años el número de familias mexicanas que están regresando a su país sobrepasa a las que vienen. Lo más interesante de estos datos es que del 2005 al 2010 ha aumentado el número de ciudadanos estadounidenses que se trasladan a México. Es necesario puntualizar que la mayoría de ellos son hijos nacidos en EEUU de migrantes mexicanos que regresan a su país de origen.
Sin embargo, y es también interesante observar este fenómeno inverso de migración, buen número de los ciudadanos estadounidenses que emigran al sur son jubilados que han visto declinar el valor de sus casas y las acciones que tenían en el mercado bursátil en un promedio del 16 al 31% entre el 2007 y el 2010 respectivamente. El número de jubilados a quienes les gustaría vivir en países en donde les sea más cómodo mantener su estándar de vida, económicamente se entiende, sería mayor si no existiera un factor muy importante y que es vital cuando llega la edad del retiro: el seguro de salud. El Medicare, programa de salud médico, es utilizable solo en los Estados Unidos más no en el extranjero. Esto, aunque parezca extraño, es un contrasentido dado la diferencia de costos que existe entre el Medicare y cualquier programa de salud de Latinoamérica. Para entender esto claramente es preciso señalar que el precio del Medicare es de $8,233 y el promedio de vida en los EEUU es de 76 años para el hombre y 81 para la mujer, mientras que en Costa Rica, por ejemplo, el costo de un programa de salud similar es de $1,197 y el promedio de vida es de 77 años para la mujer y 82 años para el hombre. Los programas de salud de Chile y México son mucho más baratos.
En otras palabras, si Medicare se extendiera a ciudadanos estadounidenses residentes en el extranjero, permitiría que mayor cantidad de jubilados escojan la emigración como medio de buscar países en donde puedan gozar de un retiro apacible y más placentero, libre de los apremios económicos que muchos de ellos padecen estos días en los Estados Unidos. Además, y esto es muy importante, cuando un trabajador estadounidense se retira, sus ingresos bajan de manera impresionante, a menos de la mitad en la gran mayoría de casos, situación que indudablemente tiene un impacto negativo en su nivel de vida, mientras que en el lado opuesto, es decir cuando el jubilado escoge emigrar su estilo de vida mejorará notablemente.
No se sabe exactamente el número de jubilados viviendo en el extranjero. Cerca de 350.000 americanos reciben beneficios de la Seguridad Social en otros países, según el suplemento estadístico anual de la Administración de la Seguridad Social. La mayor parte de esas personas decide fijar su residencia en Europa, Canadá y México. Evidencias empíricas indican que ese número aumentará: 3,3 millones de baby boomers planean disfrutar de su jubilación en el extranjero, según cifras del “Travel Market Report”, órgano informativo del sector. Hace tres años, el número de suscriptores a International Living, revista para jubilados que viven en el extranjero era 39,000; hoy es 80,000.
La confianza de los americanos en la posibilidad de permitirse una jubilación llena de comodidades está en niveles históricamente bajos, según La Investigación sobre la Confianza de los Jubilados de este año llevada a cabo por el Instituto de Investigaciones de Beneficios al Empleado. Sólo un 14% de los trabajadores dijeron tener “mucha confianza” de que tendrán dinero suficiente para vivir de forma cómoda después de jubilarse, señala la investigación.
De todo lo dicho, es bueno que ahora que muchos de nuestros lectores, y el que escribe la presente nota también, ve aproximarse a lo que eufemísticamente se llama edad dorada o años de oro, planificar dónde, cómo y con qué medios se va a pasar los años que restan.
Armando Zarazú
azarazu@aol.com

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