¿Arte o Artesanía?

La discusión siempre existió sobre si el trabajo elaborado por el hombre era Arte o Artesanía, y en el Perú se da quizá esta disyuntiva con más agudeza, al existir innumerables ejemplos en los que se confunde y se arriba a un punto crítico en el que el talento humano se convierte en genialidad y la abstracción del espíritu va más allá de cualquier calificativo. Ya en 1975 en la época de los gobiernos militares, el Instituto Nacional de Cultura del Perú causó polémica al otorgar el Premio Nacional de Cultura al artesano ayacuchano Joaquín López Antay, a quien recordamos porque construía con sus manos hermosísimos retablos, que son esculturas a manera de libros y contienen mil y una figuras del folklore peruano, donde se recreaba todo el color y costumbres del ande y cultura popular. Pero no sabemos si era arte o artesanía, porque esta última, sabemos, se reconoce al elaborarse en serie un reproducción del mismo objeto, perdiendo el valor intrínseco y mágico que envuelve una obra de arte.

La discusión acerca de esa diferencia entre lo que algunos llaman el arte culto y la artesanía se siguió polemizando en 1976, año efervescente de la militarización y la demagogia, pues el gobierno decidió enviar como representantes a la Bienal de Sao Paulo, Brasil, a un grupo de artesanos, ahondando la polémica y lo que significó la renuncia de algunos de los integrantes de la Comisión Nacional de Cultura. En esa época el ambiente cultural estaba muy dividido y si la Revolución de Velasco abarcaba varios ámbitos, era previsible que el tema cultural esté a la vanguardia, por aquello de la “Revolución Cultural de Mao...”, y los marginados, los desposeidos, es decir el pueblo, debía tener más participación, como mandato imperativo de un gobierno socialista; y así fue, los artesanos protagonizaron el ambiente artístico de aquellos años ´70.

Pero el arte es diferente, a veces no hay manera de definirlo, porque el arte es una manifestación del hombre ya sea en la poesía, la pintura o la literatura, en la que la subjetividad es un bien supremo, el arte es la desesperación por comunicar algo, es como cuando se tiene un objeto o un hecho y no hay manera de expresarlo, tenemos un lenguaje limitado, entonces hacemos un esfuerzo por sujetarlo. El arte es único y da razón a nuestras vidas; Picasso, por ejemplo, quien no pintaba lo que veía, hacía unos trazos maravillosos, describía unas líneas y unos colores, impulsados no sabemos por qué fuerza o por qué raciocinio y nos sigue conmoviendo cada vez que vemos una de sus pinturas.

Sin embargo, si bien es cierto que la artesanía es solo eso, trabajos bien elaborados, perfectos, esforzados, bonitos,... no llegan a la categoría de arte, porque carecen de espíritu y del sello profundo del artista. Quizá en su conjunto y en otro nivel de comprensión lleguen a conmover al ser humano, al pueblo, al hombre, porque es una manifestación social, conjunta, popular, moldeada de repente con su sangre y recree más un hecho histórico que artístico.

Es posible la existencia de artistas y trabajos anónimos, además de aquellos que sublevan la crítica y la observación más aguda, cuando el trabajo artesanal implora por convertirse en un hecho artístico y cultural; algunas vírgenes de cuello largo por ejemplo, y otras esculturas de brazos y manos ciclópeas de algunos artistas andinos, enriquecen la inmensa sabiduría y sensibilidad del ser humano.

Daniel Torreblanca
dalto1961@yahoo.es

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