Adiós a la Reina de Corazones: Corín Tellado

Pasó su vida, hasta los 81 años, narrando historias de amor; unas felices, otras
no tanto, pero siempre con los mismos ingredientes: encuentros, apogeos, despedidas. El Récord Guinness la situó en 1994 como la autora más leída en lengua española, después de Cervantes.

La crítica seria jamás le dio una flor en vida, pero ahora, después de su muerte el pasado sábado 11 de abril, deberá poner un ramo de anturios sobre su tumba, al menos para reconocer que ella era la autora más leída en lengua española, después de Cervantes.

Se trata obviamente de María del Socorro Tellado López, más conocida en los bazares de secretarias y modistillas, como Corín Tellado. Su palmarés, el de ser la más leída en castellano, después de Cervantes, fue certificado en el Libro de Récords Guinness en 1994, e hizo palidecer de envidia a Pablo Coelho, a José Saramago, a Pérez Reverte y al mismo García Márquez.

Su fórmula era sencilla; narraba descarnadamente esos romances que hacen parte de la vida cotidiana, pero que en muchas ocasiones parecen asuntos de película. Parejas que llevan nueve años de supuesta felicidad y descubren de pronto que son arrastrados por pasiones contrarias a su idilio; se enredan con amantes, mienten, y deciden romper, lanzándose los peores insultos. Ella, que era toda castidad y pureza en su lenguaje, de pronto lo manda al infierno, lo trata de “cerdo asqueroso”, y él, un próspero vendedor de polenta que sólo ha vivido por los ojos de su mujer, se entrega al licor y termina bajo las cobijas de una hetaira, mientras ella decide ponerle fuego a la casa, no sin salvar, antes, el libro de poemas que él le escribiera. O sea, el desastre total y cotidiano, que en la pluma de la Tellado alcanzaba tonalidades de gran delirio, pues ella, como los buenos libretistas, no ahorraba extremos. De Shakespeare, de Benavente y Dostoevsky, había aprendido que las pasiones humanas son eternas y están matizadas siempre por las mismas circunstancias: encuentros, apogeos y rupturas. Ahí cifraba su coto de caza amatorio en el que unos vivían y otros morían. Los que no lloraban, reían, y los que no se declaraban felices, eran el mester de la amargura. Con nombres tales como Antonio, Pablo, Leonardo, Roberto Lizarralde, Julio César, Héctor, los galanazos de barrio escalaban el balcón de sus núbiles Julietas. Ellas, como buenas heroínas españolas, eran casi siempre Marías, Angelas, Azucenas.

Corín Tellado tiene su mayor éxito después de 1966, cuando fallece su madre, y acepta que sus historias sean ilustradas. En una sola semana llegó a vender 750.000 copias de una historias en tinta color café en las que, Júpiter tronante, el amor triunfaba casi siempre sobre la ruindad y los bajos instintos.

La Tellado tiene mucho para enseñarle a los “escritores serios”. Quiere decirles, desde su modesta pero grandiosa popularidad, que el mundo no es tan difícil para ser narrado, y que al lector le encanta fisgonear y saber de primera mano, como un “voyeur”, cuánta canallada y perversión se esconde hasta en las mejores familias.

No era ajeno a ella el tema del gañán enamorado de la gran dama. Del señor burgués que va a un chiringo en busca de una horchata, en medio del verano, y encuentra que la vendedora de papas, cuyo delantal podría emular en suciedad al de Lorenza Aldonzo, es la mujer más bella que ojos humanos vieran. Este enamoramiento, desde luego, hace que lo echen como un perro del Country Club y que pierda toda su fortuna, pues el marido de la ventera, un reconocido chulo de calamar, termina usufructuándole hasta el último duro, mientras éste va de barra en barra tomando gazpacho y embrutecido por el Orujo.

Corín Tellado publicó sus primeras obras con Bruguera, mientras vivía en Cádiz, esa ciudad parlanchina del Levante español. Había nacido en Viavélez, una pequeña localidad marinera de Asturias, entre una familia de cinco hermanos. Su padre era maquinista de la marina mercante. Escribió también infinidad de historias eróticas, bajo seudónimo, y cuentos infantiles.

Tenía 81 años al morir en un hospital de Gijón. Publicó más de 400 mil historias románticas. Su obra fue llevada al cine. En 1970, el director Antonio del Amo rodó una película con un título muy Corín: “Tengo que abandonarte”, filme en el que una mujer dice que se le acabó la fuerza de su mano izquierda y, como en la historia del caballo blanco, le suelta la rienda a su amante, advirtiéndole, eso sí, que está cansada de luchar por él, contra el mundo y que, debe entender, decide separarse no por desamor, sino por cansancio y por falta de valentía…

La autora que publicó por primera vez una novela romántica en 1946 y recibió 3.000 pesetas por ello, una suma respetable, aseguran, para la época, -la historia se llamaba “Atrevida apuesta”, no sospechaba entonces que iba dedicar toda su vida a inventar romances, un ejercicio que la situaría en ese honroso lugar junto al manco que imaginó la vida del Señor de Argamasilla de Calatrava. Por todo ello, fue llamada, con justicia, “La Reina de Corazones”.

*Escritor colombiano

Medardo Arias Satizabal
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