A propósito del suicidio de Alan García: “No quería esto”. Escribe: Daniel Alatrista

-Exclusivo desde Cusco, Perú-

Muy difícil escribir en estos momentos, pues estamos muy conmocionados por lo sucedido con el ex presidente peruano, Alan García, quien se quitó la vida luego que se le ordenara una intervención para darle prisión preventiva; nosotros que hemos sido muy críticos con este político y personaje controvertido en las esferas políticas y en la reciente historia del Perú, hacemos un alto en el camino y no nos reponemos aún de esa imagen que debió ser el suicidio; ya la noticia del intento de auto eliminarse muy de madrugada, nos sacudió y nos puso en estado de shock, cuando veíamos los despliegues de su internamiento y lo crítico de su estado, veníamos reflexionado y tratando de entender lo ocurrido, y ya en el bus escuchamos reportes apurados y luego voces alborotadas y luego la confirmación de la muerte de García, y como es de ley, hoy, a ver el smartphone o celular, que no falla y que da la primicia al instante; me reafirmaba en segundos lo que  no podía creer. Alan García ha muerto.

Lo sentí mucho, no puedo negarlo, me decía si la política, el dinero o el poder valen realmente una vida; no esperaba esto, lo dije en mi whatsapp, no quería esto para García, seguro muchos tampoco, en verdad nadie lo deseaba; yo quería ver a un García frente a la justicia, afrontando sus responsabilidades, quería verlo argumentar, quería verlo discursar, gesticular y alborotar los pasillos de justicia con su verbo, quería también ver como en un show una “guerra” de acusaciones, denuncias, delaciones y justificaciones, razones y réplicas, para de una vez por todas se cierre este círculo de la corrupción, las mentiras, la sobreexposición y los delirios de grandeza que merodeaban estos pasillo y otros más; deseaba por enésima vez y casi por milagro, que alguna vez García baje al llano, por misericordia que alguna vez fuese humilde y pida perdón y diga “me equivoqué”. Pero murió en su ley.

Esta fatídica desaparición del ex presidente peruano, me hace replantear muchas cosas; repito, una muerte es demasiado, a quién criticaremos ahora, a quién demandaremos que se allane a la justicia; al final parecería que García nos ganó la partida, nos dejó sin espacio y con muchas dudas; se dirá también que con su muerte confirmó su culpabilidad, porque el hombre no aguantaba ni soportaría tanto escarnio, no deseaba, pero a muerte, verse con grilletes o esposas en las manos y la vergüenza de ser señalado y condenado por haber cometido alguna irregularidad o delito; pero una muerte es demasiado, es muy fuerte, limpia, libera, tapa y cubre toda posibilidad de raciocinio, de análisis y de explicación.

Pero también nos desconcierta la naturaleza del ser humano, que riendo, hablando, señalando y proyectando una imagen tranquila y segura, puede luego en su encierro, derrumbarse y sacar de sí las peores tragedias y demonios que poseemos todos.

Finalmente, esta noticia me hace ver una ver más que nunca podemos subestimar a nadie, que no conocemos realmente a las personas, que no debemos ser absolutos en nuestras apreciaciones y denuestos; realmente estamos nosotros en capacidad o tenemos autoridad para criticar y censurar a los demás?, no tenemos también nosotros una falta por ahí?; y que también se camina siempre por una línea delgada, mejor hacer lo correcto y andar con cuidado, sin dejar de alborotar la pradera y el debate. Y si alguna lección dejó García en este país, diremos que su enorme ego, su fulminante retórica, su desenfado y su afán de infalibilidad y omnipotencia, encontró por el otro lado a un Perú siempre imprevisible, tímido, desordenado y soterrado.

Si García era grandielocuente y apasionado político, como su partido, organizado pero imbuido de un fanatismo extremo y copando todos los espacios e instituciones cuando gobernaban; será pues porque los dejamos hacer, dónde están los demás?, cómo hacerles frente?. Si García se comía el país con su discurso, dónde estamos nosotros para hacerle frente?; dónde el caudillo que lo doblegue?

Alan García debía pagar seguro, sus delitos y su soberbia; pero una muerte es demasiado… Nos deja sin aliento…
Daniel Alatrista
dalto1961@yahoo.es
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