A propósito de la tragedia en Virginia Tech

Otra vez un acontecimiento trágico sacudió los Estados Unidos y el mundo entero, no con las dimensiones del Setiembre 11, pero sí con la sorpresa y dureza de una matanza indiscriminada. La mañana del Lunes 16 de Abril Cho- Seung- Hui, un estudiante nacido en Korea del Sur, de 23 años,

virtualmente masacró a 32 personas en la Universidad Tecnológica de Virginia Tech, para luego quitarse la vida. En lo que se convirtió en la peor tragedia en un centro de estudios en el país. Los días siguientes los noticieros intentaron encontrar las motivaciones reales de la matanza, difundieron las notas que dejó el asesino, indagaron su personalidad, sus problemas psíquicos desde años atrás y sus recientes trabajos en la universidad que lo mostraban con una personalidad perturbada. A esto se sumó el vídeo que dejó grabado y que la cadena de noticias NBC difundió, apesar de las

críticas de los familiares. Es evidente que, en aras de la libertad de expresión y de pensamiento, no se lo detuvo cuando mostró signos de

desequilibrio tiempo atrás. Lamentablemente el costo ha sido muy caro.

IDENTIDAD LATINA en el afán de poner algo de claridad a este triste episodio, reproduce el testimonio de algunos escritores de nuestro staff y de alumnos del colegio secundario de Torrington, supervisados por el profesor Armando Zarazú.

La masacre de Virginia Techy las muertes en Iraq


Desde que se inició la guerra en Iraq casi nunca hemos podido apreciar el gran sufrimiento de ese pueblo, debido a una guerra inventada por el presidente Bush y apoyada por sus subalternos. Cada vez que explota una bomba allá, o hay una masacre me pregunto, ¿cómo ha podido soportar ese pueblo tal derramamiento de sangre y cuál es la repercusión psicológica que esta guerra tendrá en las futuras generaciones Iraquíes?

En Virginia Tech, un joven, el que ahora sabemos siempre tuvo problemas emocionales, destruyó la vida de decenas de estudiantes, hirió a otros y acabó con el sentido de paz y seguridad que sentían el resto de los alumnos. Al ver lo que ocurría allí, lo primero que pensé fue que la gente en Iraq no tienen consejeros y psicólogos como aquí, siempre listos a prestar servicios a las víctimas en situaciones tan horribles como el 9/11.

     No quiero, por ningun momento, que nadie piense que el horror sufrido por los estudiantes y los familiares y amigos de las víctimas de VTech no me conmueve. Por el contrario. Pero no podemos dejar de pensar que masacres similares pasan todos los días en Iraq, un país que tiene ahora cerca de 2 millones de refugiados en países vecinos.

Probablemente no aprenderemos mucho de lo que ocurrió en Virginia Tech, al igual que no hemos aprendido de lo que está pasando en Iraq. USA es un país violento, en el que la violencia está institucionalizada y empieza por el gobierno, continúa con la poderosa agrupación NRA, que piensa que cada ciudadano debe tener el derecho a portar armas y termina con las compañías que ganan millones creando juegos de videos violentos.

Virginia Tech no es un caso aislado. Ha habido otros antes y habrán otros después porque no podemos evitar una epidemia como la que ahora existe, donde, cualquiera puede comprar un arma, escondiéndonos bajo el segundo artículo de la Constitución que permite portar armas “como parte de una milicia”

Hasta que no analicemos los males que nos acosan como país, seguirán pasando más tragedias aquí y seguiremos siendo los causantes de tragedias en otros países.

* Bessy Reyna es columnista de opinión del Hartford Courant y editora de la página Latin Arte News en Identidad Latina.

Bessy Reyna

Restringir venta de armas, una solución

Cho Seung-Hui pertenecía a esa minoría selecta de la que hablaba Ortega y Gasset, es decir, de la que siendo extranjera en Estados Unidos, tiene acceso a educación superior, a residencia permanente, a becas, y a un eventual trabajo después de culminar carrera. Nada fácil hacer parte de ese grupo de privilegio, sobre todo después del 9 de septiembre del 2001, cuando Estados Unidos endureció las normas para otorgar visas a estudiantes, e hizo más riguroso el ingreso de inmigrantes a sus universidades.

Desafortunadamene, la matanza que acaba de protagonizar Cho Seung-Hui, va hoy en contravía de la petición reciente de Bill Gates de reabrir las puertas de Estados Unidos a estudiantes e investigadores extranjeros con credenciales de excelencia..

Si Cho hubiera sido norcoreano, ya su actitud criminal estaría siendo relacionada con una conjura terrorista desde el país de Kim Jong Il, una respuesta violenta a la petición de Estados Unidos de cerrar las bases nucleares ahí. Pero era del sur, de un país amigo. Ahora todos preguntan qué le ocurrió, y uno de los primeros indicios para explorar su siquis, asegura que era solitario, que vivía aislado, y escribía notas llenas de resentimiento contra “los chicos ricos …”.

Restringir la venta libre de armas puede ayudar a solucionar el problema de los tiroteos en colegios y universidades. Al parecer, Cho compró parte de su arsenal, a través de una página de Internet. En países como Colombia, se exige hoy la carta de un siquiatra para ameritar la compra de arma, por parte de cualquier ciudadano. Una norma que podría implementarse aquí, pues armas de gran poder en manos de un desequilibrado, pueden desembocar en este tipo de tragedias.

Era un estudiante del común, inmigrante y con pocos recursos. Hacía pocos días había prendido fuego en un áula.

Un hombre sin amor es, en potencia, el peor enemigo de la humanidad.

Medardo Arias Satizabal

Sobre la Tragedia de Virginia Tech

La nación americana está de luto por los acontecimientos ocurridos en Virgina Tech. En una Universidad se espera que surjan ideas, discusiones sobre temas de la actualidad, pero jamás se espera que ocurran actos de violencia que acaben con tantas vidas. Esta tragedia afectó a la Universidad, al país y al mundo porque entre los muertos se encuentran ciudadanos de diferentes naciones, India, Canadá, Indonesia, Perú, Puerto Rico, Israel y Corea.

Sabemos hoy en idea que, hay más estudiantes con problemas emocionales asistiendo a los claustros universitarios. Los medicamentos han permitido que un sinnúmero de jóvenes puedan llevar una vida más o menos normal y estudiar una carrerra. Las universidades recogen datos que demuestran este aumento de estudiantes con problemas emocionales. Lo que tiene que lograrse es la integración de estos jóvenes con el ambiento universitario para que no se encuentren enajenados.

Aunque muchos sabían que Cho (el joven asesino en Virginia Tech) era una persona que necesitaba ayuda, nadie en la Universidad fue capaz de brindársela o encontrar una forma de llegar a él para evitar que ocurriera esta gran tragedia. Es triste que, en un centro en donde se cultiva el conocimiento y aprendizaje, no hayan existido los medios para ayudar a una persona desiquilibrada.

La reflexión sobre lo ocurrido nos debe a llevar a ponderar sobre, cómo debemos actuar para ayudar a los seres que se encuentran en una situación emocional frágil, cómo debe una universidad vigilar para que sus estudiantes se integren y no se sientan aislados o rechazados. Qué reglas deben existir para poder apartar a aquellos que puedan resultar peligrosos para sí mismos o los demás. Las respuestas no van a ser fáciles, pero es necesario dialogar sobre, cómo cada miembro de una comunidad tiene una responsabilidad individual y colectiva. Ante la tragedia, Virginia Tech se unió y declaró que no iba a dejarse vencer. Ojalá hubiera tenido esta misma sabiduría para atender a un joven que ante el rechazo encontró como único camino matar a compañeros, maestros y a sí mismo. Estela Lopez

El horror de Virginia Tech

Hacen escasas dos semanas los Estados Unidos y el mundo en general, quedaron horrorizados frente a la inexplicable muerte de treinta y dos estudiantes y profesores de la Universidad Virginia Tech, a manos de un estudiante de ese mismo centro de estudios. La insensatez de ese execrable hecho ha vuelto a poner en tapete de juicio diferentes aspectos socioeducativos que aquejan a este país. La magnitud del hecho, ampliamente divulgada y analizada por los medios de comunicación así como por especialistas de diversa índole, hace inútil tratar de hacer una recapitulación de lo sucedido. De allí, que he preferido recurrir a un grupo de jóvenes estudiantes a fin de que puedan expresar lo que piensan de algo que, de una forma u otra, les concierne. Les pedí que escribieran un breve ensayo acerca del tema. Luego de analizar los trabajos los separé en tres grupos claramente definidos: la facilidad con la que se puede conseguir armas legalmente, los problemas sicológicos que afectan a ciertas personas y, la falta de reacción inmediata de la administración de la universidad.

“¿Cómo en este país se pueden vender armas a cualquier persona?” es la pregunta mayoritaria que hacen estos jóvenes, otro acota “En mi opinión, creo es una lección para que, en los Estados Unidos, traten de reducir las facilidades que existen para obtener un arma, lo menos que deberían hacer es restringir su venta, no es posible que una persona, pueda comprar dos pistolas en menos de dos meses”. En su totalidad los jóvenes estudiantes se hacen la misma pregunta y, lamentablemente nosotros los adultos no podemos darles una explicación adecuada. Existen intereses económicos enormes tras de ello, fabricantes y comerciantes de armas hacen lo posible para que su negocio continúe. La facilidad con la que este joven adquirió sus armas es pasmosa, cumplió todos los requisitos de ley, al punto que, sabedor de que en su estado no las podía comprar juntas, de una sola vez, esperó el tiempo necesario para adquirirlas sin problemas, de forma legal. ¿Cuándo se podrá poner fin a este negocio que tanto mal hace a la sociedad?

El segundo tópico que acaparó el interés de los jóvenes fue el referente a los problemas sicológicos que padecía Cho Seunh-Hui. “Todos nos preguntamos cómo un persona de esa edad pudo cometer algo tan sangriento y desastroso”, “pienso que hizo eso a causa de algún acto de violencia que vivió cuando era niño”, “si sabían que tenía problemas sicológicos debieron de haberle dado ayuda”, “eso se pudo haber prevenido si el estudiante hubiera recibido tratamiento adecuado”. Vemos, entonces, que algo falló en el sistema para no haber detectado a tiempo que Cho padecía de problemas emocionales, de los cuales, ya había dado señales anticipadas. Los ataques sangrientos en centros educativos raramente son actos impulsivos, dicen los expertos, los maestros y padres de familia deben de estar alerta frente a señales de conducta violenta y peligrosa. Más de la mitad de los que los realizan sufren alguna forma de depresión. Muchos de ellos muestran dicha conducta escribiendo temas exaltando la violencia, además que exhiben comportamiento extraño, lleno de fantasías morbosas que los lleva a retraerse en sí mismos y vivir en un solitario y peligroso para sí mismos y para los demás.

Otro tema de interés para los estudiantes fue la lentitud con que actuó la administración de Virginia Tech, luego que Cho cometiera sus dos primeros crímenes. “¿Porqué las autoridades no hicieron nada?” Se pregunta uno, “debieron de avisar más rápido a los demás estudiantes”, escribe otro, “ha habido descuido y lentitud en la reacción de la administración” es la opinión de la mayoría. En realidad este tema se presta a muchas interpretaciones, pudo haber existido falta de coordinación para avisar del peligro que acechaba, o simplemente la administración creyó que el peligro había pasado. Cualquiera que hayan sido las circunstancias administrativas, lo cierto es que treinta y tres vidas humanas, incluyendo la del perpetrador, han sido segadas. “Todos estamos de luto y hemos sufrido un gran impacto emocional por la tragedia ocurrida”, dice otro joven.

“El dolor que siento es de tristeza y frustración. Tristeza por la muerte de tantos seres humanos, de ver a un estudiante quitando la vida a otros estudiantes. Frustración por saber la desesperación de muchos padres tratando de comunicarse con sus hijos sin saber nada de ellos. No entiendo cómo un estudiante tan joven pudo haber hecho algo que cambió la vida de todos los estudiantes de la universidad y de los Estados Unidos. Cuando estaba escuchando la noticia me puse a llorar de tristeza, lloré por las personas que murieron, eran gente buena, no sé porque tenía que morir sin razón. Lo que más me dolió fue ver la expresión de dolor de las víctimas, pidiendo ayuda de ese infierno de muerte, sin tener siquiera una oportunidad de salvarse”, escribe otra estudiante.

Es interesante ver como nuestros jóvenes sienten las tragedias que vive nuestra sociedad, las analizan y, pese a su falta de experiencia, son capaces de buscar explicaciones a temas que, como el que comentamos, es difícil de comprender y que los adultos tampoco podemos responder. Prevenir situaciones como la de Virginia Tech es un trabajo arduo que debe ser asumido por toda la sociedad. Vivimos en un mundo en el cual la violencia se encuentra, de manera abierta, en los medios de comunicación masiva. El cine, la televisión y, últimamente, los juegos electrónicos, traen mensajes negativos que poco favor hacen para la edificación de una sociedad pacífica. “Para mí no es necesario matar, no creo que sea necesario ¿Cómo sería el mundo sin muerte, sin crímenes y sin guerras?”. Es una pregunta difícil de contestar a un joven estudiante que recién empieza a vivir. Sin embargo, es trabajo de todos tratar de legarles a nuestros hijos un mundo de paz y sin violencia.


Armando Zarazú

Identidad Latina
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