A 100 años de su muerte, ¡Zapata Vive!

Todos los pueblos poseen héroes populares, los cuales, ante la sola mención de sus nombres despiertan el fervor popular, sobre todo de las clases menos favorecidas, en cuya memoria se mantiene latente las luchas en las cuales estuvieron envueltos y que, en muchos casos, sigue vigente en la actualidad.

Es el caso de Emiliano Zapata, líder agrario del sur de México, nacido en el estado de Morelos y que murió asesinado a traición, durante el gobierno de Venustiano Carranza, el 10 de abril de 1919. Por eso, en conmemoración de los cien años de ese luctuoso suceso, el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, AMLO para su pueblo, ha denominado al 2019 como “Año de Zapata”.

Luego de su muerte, por muchos años corrió la leyenda, sobre todo entre los más humildes de México, que el general Zapata había eludido la muerte y que volvería para encabezar la lucha de su pueblo contra las injusticias sociales y económicas a las que estaba sometido. Indudablemente que su regreso físico es imposible, más bien simboliza e identifica a las luchas por la liberación de los desposeídos; una clara muestra de la influencia de la ideología zapatista de proteger y ayudar al humilde fue la revolución zapatista de Chiapas dirigida por el Subcomandante Marcos y que tanto dio que hablar en los últimos treinta años de la historia del país azteca.

México, como todos nuestros países latinoamericanos están, económica y socialmente, profundamente dividido desde su nacimiento como nación independiente, hace poco más de doscientos años. La diferencia entre los que lo tienen todo y los que no tienen, siempre ha existido, es abismal e inmensa, se ha mantenido casi igual desde la independencia. Para ellos la sola mención del nombre del general Zapata es motivo de esperanza.

Emiliano Zapata es considerado el paladín de la lucha por la reforma agraria en México, especialmente en el sur, además de ser un ejemplo de completo desinterés, cosa rara para un hombre de su popularidad y poder en su momento más alto, al punto que no tuvo interés personal para hacerse del poder. Es interesante puntualizar que, pese a su azarosa vida, era un hombre al que le gustaba la lectura y la practicaba constantemente. También consideraba que la educación era muy importante en el desarrollo de los pueblos, por lo cual hacía que se abriera una escuela en todos los pueblos que estaban bajo su zona de influencia para que ningún niño se quedara sin aprender a leer.

El interés de Zapata por los problemas de los campesinos con la tierra empieza en su pueblo Anenecuilco, donde su familia vivía y trabajaba en el campo por generaciones. Comenzó repartiendo la tierra entre los campesinos, algunas veces de manera pacífica otras utilizando la violencia. Al asumir la presidencia de México Francisco Madero, inicialmente Zapata tuvo esperanzas en él. Sin embargo, la inhabilidad del presidente Madero en implementar una reforma agraria que beneficiara a los campesinos hizo que el líder agrario se declare en franca rebeldía. Zapata, acompañado de su amigo Otilio Montaño Sánchez, un antiguo maestro de escuela se rebeló en las alturas de Puebla y desde allí lanzó “El Plan Ayala”, que en la práctica era una reforma agraria radical, que pedía el retorno inmediato de las tierras a los campesinos.

El poder político y militar de Zapata iba creciendo a medida que iba redistribuyendo la tierra por los lugares por donde pasaba y en donde era aclamado como el legítimo líder de la revolución. Pronto se convirtió en un formidable rival para el gobierno de Madero, al punto de negarse a desarmar a sus hombres con el argumento de “si la gente no puede ganar sus derechos ahora que está armado, no tendrán ninguna oportunidad de hacerlo si entregan sus armas”.

De lo expuesto se puede deducir que sus acciones durante toda su vida revolucionaria le ganaron el afecto y respeto de los más necesitados y por supuesto, el odio visceral de los terratenientes y de la clase dominante en general, el cual no paró hasta lograr que uno de sus esbirros se encargara de asesinarlo a traición, en una emboscada en la que la cobardía y alevosía de sus enemigos se puso de manifiesto en su máxima expresión.

Antes de terminar, es bueno mencionar que el actual gobierno mexicano dirigido por AMLO, aparte de haber declarado el 2019 como el “Año de Zapata”, y diversas organizaciones culturales mexicanas está organizando actividades, no solo para honrar la memoria sino para hacer conocer al mundo entero la calidad humana y social de quien dio su vida en defensa de los más humildes de su tierra. Todos los documentos oficiales lucen su imagen.

Por otro lado, instituciones como el Instituto Nacional de Antropología e Historia, la fundación Emiliano Zapata (agrupación de estudios e investigación de Zapata) junto a la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, crearon en el 2018, una Comisión Especial para la Conmemoración del Centenario Luctuoso del General Emiliano Zapata. Se realizarán conferencias, congresos internacionales, exposiciones y diferentes actividades de tipo académico y de divulgación del Archivo Histórico, ubicado en Cuautla, estado de Morelos, y en otras sedes del país. También se imprimirá un sello postal y se reeditarán libros sobre Emiliano Zapata y la Revolución.

Una actividad cultural que está generando expectativas es la conferencia de John Womark II, de la Universidad de Harvard, a quien se considera uno de los máximos conocedores de la saga Zapatista y cuyo libro “Zapata y la Revolución Mexicana” es considerado uno de los más importantes sobre el tema zapatista.

La historia de la lucha de Emiliano Zapata por la tierra, es similar a la de muchos otros en nuestra Latinoamérica, donde unos pocos la aprovechaban o todavía usufructúan. Entonces, es de entender la influencia que entre los suyos tuvo y tiene el líder agrario mexicano. Motivo más que suficiente para que su pueblo le rinda homenaje a los cien años de su muerte.
Armando Zarazú
azarazu@aol.com
Identidad Latina

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