8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer

Estamos en marzo, época del año en el cual celebramos a la mujer. Lo hacemos con el mejor de los deseos y con el firme propósito de realzar sus virtudes en todos los papeles que le toca asumir, como ser fundamental en la perpetuación de la especie humana y, esto es muy fundamental, lamentablemente recién se empiezan a reconocer su aporte para el mejor desarrollo de la sociedad.

Si damos un vistazo veloz a la historia de la humanidad, encontraremos que, en todas sus etapas, la mujer ha tenido un papel básico y fundamental en su transcurrir.

Si bien es cierto que su participación siempre fue opacada por el hombre, no es menos cierto también que, como madre, esposa y, llegado el caso, como cabeza de su comunidad, ha sido parte importante de nuestro continuo vivir, dando pruebas innegables de su capacidad y fortaleza para afrontar adversidades.

En muchas sociedades primitivas el matriarcado fue una forma aceptada de gobierno que reconocía la inteligencia y capacidad directriz de la mujer. Con el correr del tiempo ello se tradujo en mitos y leyendas.

La mitología griega, en la cual abundan las diosas femeninas, nos legó la leyenda de un fabuloso pueblo de mujeres guerreras, quienes pasaron a la posteridad como las Amazonas, nombre que, siglos más tarde, sería dado por los conquistadores españoles al río más caudaloso del mundo, por haber encontrado en sus orillas a mujeres que defendieron con ferocidad, nunca visto por ellos, las tierras que compartían con sus familias.

En la historia de la humanidad encontraremos nombres femeninos que han destacado y dejado huella indeleble de su influencia. Rusia, la tierra de los zares, no vio mejor manera de rendirle homenaje que llamar Catalina la Grande, a quien supo llevar a su país a uno de los puntos más altos de su historia.

Victoria I, Reina de Inglaterra, dio su nombre a una era conocida como Victoriana, por la sagacidad de su gobierno y la influencia mundial que éste país adquirió durante los más de cincuenta años que duró su reinado.

Por su parte, el continente americano ha visto enriquecida su historia con el aporte de la mujer, quien siempre ha estado al lado de los suyos en los momentos más álgidos de su turbulento desarrollo.

Pese a que su contribución ha sido, casi siempre anónima, se han rescatado algunos nombres que no podemos dejar de mencionar.

Angela Acuña fue la primera mujer costarricense y latinoamericana de licenciarse en Derecho en 1925 y su trabajo fue fundamental para lograr el voto de las costarricenses en 1949.

Sor Juana Inés de la Cruz, hace más de trescientos años defendió el derecho de la mujer a ser educada. Las hermanas Mirabal son un ejemplo de heroísmo en la lucha contra el despotismo.

La guatemalteca Rigoberta Menchú recibió el Premio Nobel por su lucha a favor de sus hermanos indígenas.

Flora Tristán, de origen peruano luchó por la igualdad femenina en Francia a inicios del siglo diecinueve, la lista es interminable. Vivimos en un mundo en el cual los adelantos de la ciencia llegan a extremos casi increíbles para el ser humano; sin embargo y pese a todo ello, la mujer continúa siendo víctima de violencia.

No nos equivoquemos, la violencia no necesariamente tiene que ser física para ser calificada como tal.

Existe la violencia sexual, la violencia psicológica, que algunas veces pasa desapercibida debido a que muchos no la quieren ver o aceptar por considerarla solo “ideas de la mujer”.

También existe la llamada violencia económica. Si observamos con detenimiento encontraremos que las diversas formas de violencia en contra de la mujer van relacionadas entre sí y afecta a todas las razas, clases sociales y económicas de todos los países del mundo.

Estudios realizados sobre el tema han puntualizado que más de las dos terceras partes de la población mundial femenina ha experimentado algún tipo de violencia en algún momento de su vida, también deja en claro que esto afecta a la mujer en su desarrollo como ser humano.

Lamentablemente la violencia contra la mujer continúa y hace daño no solo a la afectada, a sus hijos y también lo hace a la sociedad. Se aconseja terapia psicológica para el agresor, desde el punto de vista legal y médico la idea es buena.

Sin embargo, la terapia más efectiva es la educación, esta debe empezar en casa.

Si un niño ve que su padre maltrata a su madre, crecerá con la idea de que es normal ese tipo de trato y por lo tanto cuando llegue a ser adulto continuará actuando de la misma forma que vio actuar a su padre.

La violencia en contra de la mujer es una violación de los derechos humanos y además es consecuencia de la discriminación que esta sufre en el hogar, en el trabajo y por el hecho mismo de ser mujer.

Por otro lado, es necesario tener en cuenta que esta afecta el desarrollo y superación de la mujer como ser humano.

La educación es la mejor arma en contra de la violencia contra la mujer. Esto quiere decir que no solo se debe educar al niño que luego se convertirá en hombre, sino también a la mujer, a esta para darle la capacidad de poder decidir por sí misma y para sí misma.

La falta de mujeres en posiciones de liderazgo, tanto a nivel del sector privado como político es consecuencia de las desigualdades que lamentablemente siempre ha existido y existe en nuestra sociedad.

Esperemos que esta situación cambie para el bien de todos. Por todo lo expuesto, no basta decir que en marzo celebramos el mes de la mujer, la mejor forma de valorar a nuestras amigas y compañeras es educando a nuestros hijos, con el ejemplo se hace más que con las palabras.

Es necesario que la sociedad en general, reconozca que la mujer tiene un rol decisivo en todos los ámbitos del diario vivir y que, cada día, aporta más para que el mundo en el que vivimos sea mejor. No aceptarlo sería negar que el sol ilumina la tierra.
Armando Zarazu
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