2018: Balance general y personal

Pasaron muchas cosas en este año 2018 que se va, quizá así sean todos los años, pero siempre el último marca la agenda de nuestra vida. En 2018 cerramos muchos círculos y desatamos y cerramos otros tantos; difícil, complicado y siempre sorpresivo e implacable; para variar, “se pasó rápido el año”, nos tomó siempre la delantera, nos quitó el aliento y se escabulló en algunos momentos por entre las manos; pero fue formidable porque me enseñó muchísimo, seguro más que en los últimos cincuenta, con dolor, impaciencia, indefinición, furia y en medio de todo mucha fe, tolerancia y mucho aprendizaje.

Cuando viajaba este año por las infinitas montañas y elevaciones más allá de nuestra imaginación, donde se pierde el horizonte y donde la desolación y la estética son una sola, me preguntaba, como dijo César Vallejo, “Si aquí llegó la mirada de Dios, voy dejando inmensidades, donde quizá el hombre no se posó, y la nostalgia y la conmoción me sobrecoge, esto también es el planeta”, y me decía que toda una vida no nos alcanzará para verlo todo, tanta corteza, tanta soledad, tanta belleza; si pudiera me quedaría allí para encontrar seguro el origen de la tierra o por lo menos encontrarme yo mismo.

Pero este año 2018 fue algo más, por alguna extraña magia, encontré y percibí mayores sucesos que los que dicen los medios; más allá de la ratificación de la condena a Lula Da Silva en Brasil; la renuncia del presidente Pedro Pablo Kuczynsky en Perú; los periodistas ecuatorianos asesinados; la “crisis” en Nicaragua; la disolución de ETA después de 60 años; la Cumbre histórica en Singapur entre Donald Trump y Kim Jong-Un; la elección de Manuel López Obrador en México; la caravana de los migrantes centroamericanos; la muerte de George H. W. Bush o la crisis en el Reino Unido por el “brexit”.

Parecía que este 2018 sería el último, como siempre dicen los visionarios, magos y demás agoreros, pero ya ven, aún estamos vivos; aunque nuestro planeta siempre esté amenazado y el riesgo siempre esté presente, ya sea por una guerra, por la locura de algún chino, un yihadista o un terrorista cualquiera, que se la tenga jurada al presidente norteamericano, y que de esas pasiones explote una bomba poderosísima; por lo pronto el encuentro de Trump con el líder norcoreano, nos tranquilizó un poco y al parecer todavía no asustará al mundo con sus cohetes el Kim Jong.

Pero más íntimamente creemos que este 2018 fue importante para la historia, diríamos mejor nuestra pequeña historia; pues, como nunca salí en busca de los hechos, decidí no esperar más y confronté muchas situaciones hasta entonces sumergidas en el lado oscuro, o más bien gris; me involucré más con la tecnología digital y las redes sociales, que al parecer se crearon para combatir alguna soledad, algún aburrimiento y seguro desaparecer algunos mitos y otros sentimientos; percibí de mejor manera y certeza que está cada vez más cerca el fin de una etapa y el comienzo de nuevas eras.

Me aseguré este 2018 que levantarse temprano es importante, como que le vas ganando un poco al paso del tiempo irremediable, a los horarios, las presiones, las metas, a la vida misma; me endeudé demasiado, fui asfixiado por los intereses, los bancos y los prestamistas, pero todos estos obstáculos, una vez superados, seguro forjaron mejor mi carácter y mi templanza.

Entendí en 2018 que lo mejor era enfrentarse a los problemas, y que la mejor manera de solucionar un problema es enfrentarse a uno mayor, para que el anterior quede ya empequeñecido y luego sea ya una anécdota; finalmente comprendí extasiado en 2018, que Dios no solo observa nuestras acciones, sino que es capaz de “ver nuestros corazones”, y por enésima vez: “si camino derecho, todo me sale bien”.
Daniel Torreblanca
dalto1961@yahoo.es
Identidad Latina

Identidad Latina
Acerca del Autor